
Se sentía el sol como si estuviera colado entre delgadas telas transparentes pero se sentía. Olía a las tripas fritas que la viejita de a lado acababa de freír porque como a casi nadie a ella le gustaba solo esto del pollo de rancho. Se escuchaba el sonido exasperante de los modulares de mala calidad con su música de mala calidad, música ranchera que unos meses después iba a escuchar con mucho gusto Efrèn.
¿ Qué estoy haciendo aquí, en este lugar tan jodido? -Pensaba-
Entonces mientras se daba cuenta de lo garrapatoso que estaba el perro que estaba acariciando, de reojo vio una silueta que incluso de reojo noto que era muy buena, incluso de reojo se dio cuenta que algo estaba por cambiar, tanto era asì que se resistió un poco a mirar bien. Pero entonces observo.
Era una muchachilla de ojos pispiretos y piel del color del chocolate que su madre le preparaba cuando aùn era muy pequeño, un chocolate muy diluido por la leche. Ahì pasó la muchacha con la ropa ahumada y la trenza despeinada, cargando una palangana de masa para los guajolotes.
Entonces Efrèn supo por qué estaba ahí en ese momento, sentado en medio de nada tan todo.
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